Día a día plagamos de contenido las redes sociales con que aquello que nos causa alegría y tristeza, bronca, desazón suponiendo que no tiene ningún alcance, que esto es “mi red privada”, como si al escribir en facebook, esto supusiera una impunidad hasta ilógica, todos, conscientes o inconscientemente buscamos lograr que se genere en los demás “empatía” con lo que nosotros decimos, opinamos o graficamos pero no siempre apoyarán nuestra causa..

En base a esa “empatía” es que surge otro término que hoy se utiliza con mucha frecuencia, aún sin entender la totalidad del concepto o bien, como se desarrolla:  La viralización. Las redes sociales son parte de nuestra cotidianeidad y términos como viralización son parte del vocabulario de cualquiera aunque esto no sean tan sencillo como subir un videito o escribir algún tweet gracioso.

Pero la viralización no siempre es positiva (a pesar que muchos publicistas me dirán que no existe mala publicidad), muchas veces atenta a lo que se conoce como Reputación Digital.

Pero ¿qué es esto? básicamente  se trata del prestigio de una persona o empresa en el mundo digital que, pese a que se crea lo contrario, tiene mucha injerencia en la vida “real”.

Pensemos, por ejemplo, en cómo modifica nuestra intención de compra las calificaciones de otros usuarios sobre un vendedor x en plataformas de prestigio como Mercado Libre, o lo importante que es la opinión de otros consumidores sobre determinado producto o servicio, a la hora de comprar o no. Esto es en el caso de las empresas, pero qué pasa con un simple individuo, un simple mortal que sólo desea “opinar” o bien, alguien devela una parte íntima de uno.

Pocos de los usuarios de las redes sociales, sin discriminar sexo,  razas, edades ni religión, todos por igual, pocos entienden que las acciones que uno ejecuta en ese escenario virtual trae aparejadas consecuencias en la “vida real” si podemos diferenciar de alguna manera.

Esta pequeña GRAN verdad se vió en un video que publicó para sus amigos, un muchacho argentino valiéndose de las barreras idiomáticas, se aprovechó de una joven rusa, esto le significo que perdió la posibilidad de seguir disfrutando del mundial de Rusia 2018, sin embargo, estas no fueron propiedad exclusiva de la viveza criolla argentina, sino que también sucedió con gente oriunda de colombia, como para citar algún caso.

Otro caso bastante resonante en estos últimos tiempos fue el caso de Facundo Segovia Barcena, un anestesiólogo riojano que, luego de que se le diera media sanción al proyecto que propone el aborto legal, se expresó en sus redes sociales de una manera poca ortodoxa que significó un gran repudio social y que finalmente concluyó con la separación de su cargo en el Hospital de la Madre y el Niño de la ciudad de La Rioja

facundo segovia

En esa misma línea, el vicerrector de la Universidad Nacional de La Rioja, José Gaspanello, quien ya se había expresado en contra del controvertido proyecto sin mayor revuelo, hasta que realizó el siguiente posteo

gaspanello flor de la v

Nuevamente el repudio e indignación social tanto en el mundo virtual como en el real llevarón al pedido de dimisión del cargo público que ostenta y, si bien hasta el momento, no se concretó, el conflicto ya alcanzó niveles nacionales.

La gente todavía sigue sin entender la importancia de un buen manejo de reputación digital y comprender que se trata de una extensión nuestra y no un falso anonimato detrás de una pantalla  y, SOBRETODO, que un mal uso, indefectiblemente traerá consecuencias en nuestra vida “real” Pienso… luego comparto

 

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